Gozos a San Isidro (III)
Ya que con Dios podéis tanto
y alcanzáis todo favor:
remediad, pues, nuestros males
San Isidro Labrador.
Desde que al mundo naciste
y conociste al Señor,
embriagado de amor,
alma y cuerpo le ofreciste;
y así pasó vuestra infancia
toda llena de candor:
Llegado el tiempo en el cual
pensáis en tomar estado,
a Dios mil veces postrado
oráis con amor filial;
por eso una santa esposa
alcanzaste del Señor:
Con vuestra santa mujer,
santamente a Dios serviste,
y al solo hijo que hubiste
lo propio enseñaste hacer;
viviendo así muy unidos
en espíritu y amor:
Necesitado a buscar
el alimento diario,
con cierto sueldo o salario
los campos vais a labrar;
pero no sin oír Misa
y orar antes con fervor:
Quiso la envidia vil, necia,
malquistaros con vuestro amo,
de que en capa de cristiano
no salíais de la iglesia;
y que os estabais holgando
en las horas de labor:
Pero supo lo que había,
al ver con sus propios ojos
dos ángeles muy hermosos
que estaban arando un día,
y que sus campos estaban
de lo bueno lo mejor:
No teniendo ya que dar
a los pobres, cierto día
a vuestra esposa María
le dices: vuelve a buscar;
y nunca se vio en la casa
una abundancia mayor:
A tiempo que un lobo iba
a matar vuestro jumento,
en ese mismo momento
el lobo quedó sin vida;
porque así desde la iglesia
se lo pediste al Señor:
Muchos milagros obraste
en varias necesidades,
hambre, sed, enfermedades
y otros males remediaste;
de modo que nadie en vano
imploró vuestro favor:
Casto, humilde, penitente,
con un candor celestial,
la inocencia bautismal
conservaste hasta la muerte;
sednos, pues, desde la gloria,
abogado y defensor:
En torno de vuestro altar
se postran los labradores,
ciertos que vuestros favores,
de seguro, han de alcanzar;
y en esta fe y confianza
os rinden culto y honor:
Ya que con Dios podéis tanto
y alcanzáis todo favor:
remediad, pues, nuestros males
San Isidro Labrador.

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