domingo, 27 de abril de 2025

GOZOS A NUESTRA SEÑORA DE MONTSERRAT.

 


GOZOS A NUESTRA SEÑORA DE MONTSERRAT


Ya que nuestra devoción

en Montserrat os venera:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Aquí estáis arca sagrada,

que sin culpa original,

de la lluvia universal

fuisteis por Dios preservada;

ya que aquí teneis morada

por la divina elección:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Fisón de oro enriquecido

del Paraíso salió,

y su curso dirigió

por un monte dividido;

pues que el vuestro es parecido

y en vos hay mejor Fisón:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Dos veces la peña dura

en Oreb Moisés hirió;

Y vuestra imagen halló

con dos golpes la ternura:

Como al pueblo el agua pura

sois consuelo en la aflicción:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Hallando este manantial

que Dios nos dio por consuelo,

pareció una luz del cielo

con música celestial;

ya que del original sois

el puntual parangón:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Si en un monte Abigaíl

en David supo hallar gracia,

vos aquí con eficacia,

nos alcancéis gracias mil;

acogidos al redil

de la vuestra intercesión:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Rut de un monte en una tierra

cogió espigas con desvelo,

y Vos nos dais pan del cielo

del trigo de vuestra tierra.

Y pues toda gracia encierra

este soberano don:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


El poder divino en Vos

hizo una perfecta perla

con tantas gracias, que al verla

complacióse el mismo Dios;

concha escogió para los dos

de ese monte en un rincón:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Sois morena con agrado,

porque el sol os dio de lleno:

¿Qué importa sea moreno

el vuestro rostro agraciado,

si tenéis embelesado

al divino Salomón?

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Aquí como cedro estáis

como la palma en Cades,

como en Sion sois ciprés,

rosa que alegría dais,

bálsamo que preserváis

de toda la corrupción:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


En ese monte os bendecimos

y del valle en que moramos

ir a la patria anhelamos,

pues que en Egipto vivimos:

con dulce llanto os decimos,

suspirando por Sión:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


En ese monte, oh María,

y en sus santos aledaños,

monjes, niños y ermitaños

os alaban noche y día;

entonan con melodía

cánticos de devoción:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Si de Éfeso al templo entrando

San Pedro absortó quedó,

el que en vuestro templo entró

mucho más se está admirando;

al veros a Vos es cuando

se halla en dulce suspensión:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Morenita es, Virgen santa,

esa Imagen singular,

porque de Vos su ejemplar

es bella copia que encanta:

a quien la mira no espanta,

antes mueve a devoción:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Allá en la Cueva escondida

por mucho tiempo tuvisteis

esta Imagen, que quisisteis

fuese hallada y conocida,

para ser dulce acogida

del mortal en su aflicción:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Con angélica armonía

y celestes resplandores

mostrasteis a unos pastores

el lugar donde existía

vuestra Imagen, ¡oh María!,

que nos roba el corazón:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Luego que fue divulgado

un hallazgo tan precioso,

de Manresa presuroso

vino el clero y su Prelado;

y la Imagen que han hallado

llevan a su población:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Mas llegando a este lugar

do la Imagen hoy se venera,

queda inmoble la Señora,

sin que puedan avanzar;

porque aquí queréis fijar

su trono y veneración:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Viendo, pues, que aquí honrada

queríais la Imagen santa,

la piedad luego levanta

Un templo, do es colocada;

y do sois Vos la abogada

de toda nuestra nación:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Este templo majestuoso,

taller de grandes prodigios,

presenta aún vivos vestigios

de aquel culto religioso

que en vuestra Imagen celoso

os dio el orbe en tal rincón:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Con Vos, oh Virgen, fundaron

Loyola la Compañía,

Calasanz la Escuela Pía,

después que ante Vos oraron

Nolasco y Mata llevaron

al cautivo redención:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


De esa Imagen la hermosura,

cuando el siglo nono vio,

en ella adalid miró

que con valor y cordura

del África la bravura

derrotara y su ambición:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Si Judit la valerosa

libró su pueblo de muerte,

con vuestra Imagen más fuerte

España lanzó gloriosa

a la Galia que alevosa

incendió vuestra mansión:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


A la España atribulada,

a quien Vos en vida honrasteis,

en sus penas no dejasteis

este siglo abandonada:

Pues que esa Imagen sagrada

fue el gran lema de su unión:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Vuestra Imagen Barcelona

quiso hacer su ciudadana,

de quien fue ya su paisana,

según la historia pregona;

mas su trono y su corona

tornáis Vos en este Sion:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Todos cuantos han buscado

en vuestra Imagen favor,

desde el menor al mayor

presto siempre lo han hallado:

y el que en ella os ha invocado

venció toda tentación:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Dos veces en pocos años

vuestra Imagen escondisteis,

mas con ella devolvisteis

la paz que deshace engaños,

y que repara los daños

que sembró la desunión:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


De esta Imagen solio augusto

será siempre esta montaña,

en la que toda la España

vendrá a rendirse con gusto;

Mirad Vos su voto justo,

y otorgadle protección:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Del enemigo el ardid

nada podrá en esa torre;

en todo lance se corre

A Vos, torre de David:

todos aquí la decid

con voces del corazón:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.


Cuando llegue la sazón

de nuestra última hora:

Conducidnos, gran Señora,

al puerto de salvación.



℣. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.

℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.


ORACIÓN

Concédenos, te suplicamos, Señor, a nosotros tus siervos, gozar de perpetua salud de alma y cuerpo, y por la intercesión gloriosa de la bienaventurada siempre Virgen Santa María, ser libres de las tristezas presentes, y alcanzar la alegría eterna. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.