Oh Dios todopoderoso y eterno, que fortaleciste a los santos Justo, Macario, Rufino y Teófilo para confesar con valentía el nombre de Cristo hasta derramar su sangre, concédenos, por su testimonio, permanecer firmes en la fe y no avergonzarnos nunca del Evangelio. Que el ejemplo de estos mártires, sencillos trabajadores y fieles discípulos, nos anime a vivir con coherencia y fidelidad nuestra vocación cristiana. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
- Espíritu Santo, fuego divino que sostuviste a San Justo en la hora de la prueba, cuando fue obligado a renegar de su fe y ofrecer sacrificios a los ídolos, danos la fortaleza para mantenernos firmes en la verdad y no ceder ante las presiones del mundo. Que, por su intercesión, sepamos confesar a Cristo con obras y palabras.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
- Espíritu Santo, fuente de constancia y valor, que fortaleciste a San Macario en medio de los tormentos, concede a tu Iglesia perseverancia en las dificultades y fidelidad en la adversidad. Que, por su intercesión, aprendamos a transformar el sufrimiento en ofrenda de amor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
- Espíritu Santo, defensor de los que sufren por la justicia, que llenaste a San Rufino de serenidad ante el martirio, infunde en nosotros la paz que nace de la confianza en Dios y haznos testigos valientes del Evangelio en nuestra vida cotidiana.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
- Espíritu Santo, luz de los corazones fieles, que inspiraste a San Teófilo a perseverar en la fe hasta la muerte, concédenos un amor ardiente por Cristo y una esperanza firme en la vida eterna. Que, por su intercesión, vivamos con la mirada puesta en los bienes del cielo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo (cf. Salmo 115)
Santos Justo, Macario, Rufino y Teófilo, valientes mártires de Cristo, que en vuestra sencillez de artesanos supisteis modelar no solo el barro, sino vuestra propia vida conforme al Evangelio, mirad con bondad a la Iglesia que peregrina. Alcanzadnos la fortaleza en la fe, la coherencia en el testimonio y la fidelidad en las pruebas.
Interceded por nosotros ante el Señor, para que nunca cedamos ante la mentira ni el miedo, sino que, sostenidos por el Espíritu Santo, perseveremos hasta el fin. Que, siguiendo vuestro ejemplo, podamos un día participar con vosotros de la gloria eterna. Amén.

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